Cómo la natación ayuda al cuidado del corazón

Una de las máximas en el mundo del corazón es que las actividades deportivas son muy beneficiosas para el entorno cardiovascular, ya que previene la aparición de problemas cardíacos y fortalece el músculo más importante del cuerpo. Ahora bien, lo que es importante destacar es que existen deportes más indicados para la protección del corazón debido a que suponen unos beneficios concretos, y el caso más representativo es el de la natación.

Nadar es uno de los deportes más completos debido a que supone el ejercicio de buena parte del cuerpo. Entre brazada y brazada se trabajan los múltiples músculos que conforman las extremidades inferiores y superiores, el pecho, la espalda o las caderas. No es casual que los nadadores profesionales tengan una figura musculosa y fibrosa, con espaldas anchas y fuertes y una configuración muscular sólida y envidiable.

¿Y qué relación tiene la natación con el corazón? Una de las recomendaciones más habituales a las personas con cardiopatías es que visiten las piscinas con regularidad, puesto que mueve grandes masas musculares y no incrementa bruscamente la tensión o el pulso, factores decisivos para los pacientes de problemas cardíacos. Los estilos más recomendados son braza, espalda o estilo libre, mientras que el mariposa no está muy indicado porque conlleva mayores picos de esfuerzo.

Un punto que se debe tener en cuenta antes de iniciar cualquier práctica deportiva es que los resultados no son inmediatos, dado que es necesaria cierta regularidad para lograr beneficios tanto externos, en forma de tonificación muscular o pérdida de peso; como internos, traducidos en fortalecimiento cardíaco, pulmonar y salud general. Con la natación ocurre lo mismo: para las personas con problemas cardíacos se recomienda un ejercicio de al menos 150 minutos semanales en tres sesiones distintas para apreciar sus efectos.

Practicar este deporte de agua permite que la intensidad no tenga por qué ser competitiva sino buscar la regularidad de quien se ejercita, crucial para no someter al organismo a sobreesfuerzos poco recomendados para el entorno cardíaco. A su vez, nadar no daña las articulaciones, ya que no las fija, y erradica así posibles dolencias articulares habituales en otras disciplinas.

Puesto que la natación es un deporte aeróbico, la contracción cardíaca aumenta su eficacia gracias al bombeo de sangre desde el corazón y facilita la distribución de oxígeno a través de los vasos sanguíneos y una mayor optimización del esfuerzo muscular. En cuanto a la presión cardíaca, desplazarse en el agua se hace de forma horizontal, así que el corazón no tiene que mandar la sangre hacia arriba y hacia abajo, como en otros deportes, y se evitan picos de actividad brusca para mantener más controlados los latidos.

En cuanto al trabajo físico que conlleva nadar, la exigencia a la que se somete a los músculos y a buena parte del cuerpo supone un importante desgaste calórico para el nadador. La materia grasa se va reduciendo y aumenta el fortalecimiento general, de tal manera que reduce la posibilidad de aparición de graves riesgos sanitarios como la diabetes y el sobrepeso o la obesidad.

Con todo el ejercicio en general y la natación en particular se refuerza la eficacia del rendimiento cardíaco. Así, el trabajo físico regular contribuye a reducir la frecuencia cardíaca tanto en activo como en parado y que el corazón no se desgaste tanto en el desarrollo de sus funciones. Además, intangibles como la superación personal o la relajación se pueden conseguir a través del deporte, la manera más saludable de olvidar las ocupaciones cotidianas durante unas horas y de percibir en uno mismo cómo el esfuerzo vale la pena.

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